Monday, October 06, 2014

Volviendo de las vacaciones

No está muerto lo que yace eternamente. Váyanse preparando que volvemos al ruedo...

Thursday, September 17, 2009

Friday, September 04, 2009

Mi primera ilustración (¡Albricias!)



Finalmente aprendí a subir imágenes al blog, es verdad, no era tan difícil. Sea como sea, les muestro una ilustración que hice para un librito de poemas de mi queridísima amiga, Mariana Morosano. ¡Reserve con anticipación su ejemplar!

Monday, June 08, 2009

Veinticuatro cosas metafísicas sobre mi persona

[1] Me gano la vida investigando a la coma y dando clases de lingüística.
[2] Tengo una novia que se llama Aneris y si uno lee su nombre al revés, leerá "Sirena".
[3] Mis referentes literarios son Stephen King y Jorge Asís y no leo poesía porque me aburre.
[4] Me gusta escuchar temas de Fernando de Madariaga, el Paz Martínez y María Marta Serralima.
[5] Publiqué un librito de cuentos horripilante llamado El pez por la boca come, hace mil años. Lo más raro de todo es que a mucha gente le gustó y hoy en día no me queda ni un solo ejemplar.
[6] Hasta hace poco, me fascinaban las historietas. Ahora no sé que me pasó que, cada vez que agarro una, no paso de la tercera viñeta.
[7] Durante ocho años, fui árbitro de fútbol.
[8] Soy ateo y supersticioso.
[9] En el 2007 recibí una mención de la Universidad Nacional de Rosario por se el mejor promedio de mi promoción en la licenciatura en letras. El diploma decía: "La Universidad Nacional de Rosario distingue a la Licenciada Walter Koza (...)".
[10] Conocí el mar a los treinta y dos años y, apenas lo vi, me deprimí; era más grande que yo.
[11] Tengo muro en facebook, msn y blog.
[12] No sé aprovechar muchas de las posibilidades que brinda este blog como ser poner fotografías, subir videos, etcétera.
[13] Tengo fobia a las ratas.
[14] En el 2005, me encontré cien pesos en el mes de enero y cien en febrero.
[15] No soporto que la gente use "el mismo", "la misma", "los mismos" o "las mismas" como deícticos. ¡No son pronombres, la reputísima madre que los parió!
[16] No sé por qué elegí poner veinticuatro cosas metafísicas sobre mi persona ni por qué los números que las ordenan están entre corchetes.
[17] Pienso que un mundo en el que existe la Coca-Cola y el guiso de lentejas no puede ser un mundo tan malo.
[18] Me psicoanalizo.
[19] No me gusta la pizza.
[20] Cuando era chico, mi familia me decía "Negro" y la gente del barrio, "Alemancito".
[21] Siempre sé a quién votar en las elecciones.
[22] Me gusta levantarme temprano, sobre todo los domingos para ir al bar a desayunar y leer el diario.
[23] Mido 1,87, peso 92 kgs., de cutis trigueño y ojos oscuros. No subí mi foto al blog porque no sé cómo se hace.
[24] A pesar de todo, creo que soy bastante normal y buena persona.

Tuesday, November 04, 2008

Casos de la vida real

Luego de un prolongado descanso, vuelvo al ruedo para ofrecerles una nueva entrega de humor metafísico. He aquí con ustedes, la conmovedora historia de una mujer que conoció a Dios en toda su plenitud...

Le fui infiel a mi esposo (un testimonio de la vida real)

Mi matrimonio no me estaba haciendo feliz así que, ¿por qué no mirar para otro lado en busca del amor? Testimonio de una mujer convertida por Dios.

Desde hacía tiempo venía notando que las cosas con mi marido no estaban marchando como deberían marchar. En realidad, creo que nunca marcharon. Me pregunto si alguna vez estuve enamorada de él. No sabría que contestar. Igualmente, hoy en día, si una llega a decir que está enamorada en seguida la tratan de boluda. Y la verdad es que yo, boluda no fui nunca. Lo digo sin agrandarme, sin hacerme la superada como Maitena. Ella es rubia, yo no lo soy.

Pero también es cierto que me estaba matando la curiosidad por saber qué es el amor. Necesitaba creer que estaba más allá de las canciones de Arjona o de Sabina. Por más que eso implicara (o implicase) quedar hecha una estúpida enamorada. Yo me casé virgen, con José, mi primer novio, y él nunca tuvo, lo que se diría, un gesto romántico. No sé lo que es recibir flores, ni escuchar que la persona que comparte con vos la cama te diga que te quiere. Nunca me regaló ninguna de esas tarjetitas con corazoncitos fluorescentes que ofrecen en los colectivos por unas monedas para que un pobre pueda comer o para ayudar a un hogar de rehabilitación de drogadependientes.

Nunca supe lo que es estar enamorada, nunca le conté a mis amigas que tal chico me había invitado a salir, ni que tal otro me había dicho que le gustaba. Nunca suspiré por los galanes de telenovelas ni estrellas de rock. No sé lo que es ponerse cursi y melosa como un fragmento de Rayuela y nunca me masturbé con la foto de Pablo Echarri. El amor parecía querer evadirse de mi ser y conducir indefectiblemente mi vida hacia el ocaso.

Hasta que un día conocí a Dios.

Caer en la tentación no debe ser algo prohibido. Es más, debería ser un mandamiento más, que esté junto con ese de “honrar a tu padre y a tu madre”. En su defecto, deberían sacar el de “no desearás a la mujer de tu prójimo”. Dios es amor y nunca va a condenar un sentimiento tan puro como ése, ames a quien ames. Dios es amor, de eso no tengo dudas. Y dudar, pueden creerme, no es saludable.

No me animo a decir que mi esposo haya tenido la culpa. Creo que no se daba cuenta. Nadie le había enseñado cómo debe portarse un hombre cuando contrae matrimonio. Siempre fue un tipo parco, no muy dado a la vida social ni al diálogo en la pareja. Nunca pude charlar el asunto con él.

Y era inevitable que un buen día, el deseo que yo creía dormido, en coma para ser más precisa, se despertara. No sé cómo, pero me di cuenta de que yo tenía que vivir. Era joven, linda, tenía todo por delante. Todo para ser feliz. Pero también, es cierto, lo primero que tenía en frente era a mi marido.

Ojo. No quiero ser malinterpretada, de buen grado hubiera focalizado todo ese deseo que me nacía de las entrañas con el hombre con el que me casé. Intenté hacerlo, traté de mirarlo de la mejor manera posible. Pero no hubo caso, mi marido no me calentaba y no creo que algún día llegue a producirme el más leve deseo. Mi marido es un buen tipo. Pero nada más que eso.

Empezaron las dudas, empecé a fijarme en otros hombres, en vecinos, en primos, los vendedores del mercado. Qué sé yo, miraba todos los tipos con los que me cruzaba. Me empecé a angustiar, quería ser feliz pero a la vez ser una señora de su casa. Quería ser más puta que Madame Bovary pero tan fiel como Penélope. Me desangraba en ese mejunje que tenía en la cabeza. Me di cuenta de que estaba convirtiéndome en una histérica.

Hasta que un día conocí a Dios.

Una mañana, comprendí que estaba perdida y necesitaba ayuda. Aunque sabía de su existencia, Dios nunca fue parte de mi vida. Pero en aquel momento lo necesité. Cuando José estaba en su trabajo yo me hinqué de rodillas en la cocina y le rogué al Señor que me iluminara. Que viniera a mí, a mi vida y a mi corazón. Y él vino.

Dios apareció y me llenó de dicha. Me hizo sentir la mujer más feliz de la tierra. Alumbró mi espíritu y me bendijo. Fui suya para siempre. Él supo darme lo que yo más necesitaba. Fui ramera y casta al mismo tiempo. Gocé como una perra en celo pero sin perder la dignidad. Dios me brindó un orgasmo supremo, digno de alguien como él. Un orgasmo sublime, colosal. Un orgasmo divino, como jamás había tenido.

Ahora espero el fruto de su amor. Sé que va a ser un chico. Un chico tan fuerte y tan buen mozo como él. José se queja y rezonga, pero sé que se le va a pasar y, es más, me va a ayudar a criar a mi hijo y al hijo de Dios.

Todavía no nos decidimos por ningún nombre, pero creo que Jesús va a estar bien.


Saturday, November 17, 2007

Diez indiecitos

Las frazadas disfrazadas

De cobijas cobijaban

Indiecitos enjaulados,

En fila india ordenados.

Pues cumplían duras penas;

Quince años de condena.

La justicia calavera

No chilló y dictó sentencia.

Sin llegar al genocidio

Cometieron homicidios.

Liquidaron siete viejas

Por dos platos de lentejas.

Sepultaron tres caudillos

Para hurtarles picadillo,

Cinco latas de morrones,

Sales gruesas, pimentones,

Mayonesas, mermeladas,

Una tarta de manzanas,

Chocolates, Mantecoles,

Y de maicena alfajores.

Y también asesinaron,

Ocho pares de escribanos,

Por negarles una audiencia.

Ni ocultaron la evidencia.

Y la poli en su pericia

Determinó con justicia:

Los finados; confinados,

A ataúdes sin laúdes,

Ya redondos, ya oblongos

Hacia el hondo bajo fondo.

Y los indios a las celdas.

¡Qué tremenda reprimenda!

Tantos años encerrados

Se volvieron mahometanos.

Practicaron el budismo.

Y también el judaísmo.

Y con esas religiones

Derivaron en mormones.

Ya después en protestantes,

Y más luego en atenuantes

Apostólicos romanos

Los católicos indianos.

Así fue que terminaron

Y sus vidas novelaron,

Alabando al Corpus Christi,

Por la autora Ágatha Christie.

Sunday, June 24, 2007

Máxima paso a paso

Se oye música.

Se oye poca música.

Se oye poca buena música.

Existe poca buena música.

Es poca, pero buena música.

Poca, pero muy buena.

Existen pocas cosas buenas.

Existen pocas cosas, pero buenas.

Existen pocas cosas, pero bueno.

Existen pocas personas buenas.

Son pocas las personas buenas.

Somos pocas las personas buenas.

Somos pocos los buenos.

Somos pocos, pero bueno.

Somos pocos.

Pocos como la música.

Como la música buena.

Y como las cosas buenas.

Lo bueno viene en frasco chico.

En uno grande sobraría espacio.

Porque lo bueno es chico.

Existen en cantidades limitadas.

Las cosas malas no.

Las cosas malas son muchas.

Hay muchas cosas malas.

Muchas, muchas, muchas.

Cantidades superfluas de cosas malas.

Existe un número superlativo de cosas malas.

Es un gran número.

Un número de muchas cifras.

Porque lo malo es grande.

No existe frasco alguno que pueda contener la maldad.

No existe un frasco tan grande.

Pero frascos malos sí existen.

De esos que se rompen enseguida.

Que son requetefrágiles.

Y no aguantan nada.

Y hacen que se derrame el contenido.

Y uno pierda lo que allí guardaba.

Y si era un frasco chico peor.

Porque seguro contenía algo bueno.

Un frasco chico no puede contener cosas malas.

Las cosas malas no vienen enfrascadas.

Las cosas malas andan libres.

Las cosas buenas están presas.

Y para colmo de males, en frasco chico.

Andan todas apretujadas.

Esperando que el frasco se abra.

O se rompa.

Y así poder ser libres.

Pero libres se vuelven malas.

Porque lo bueno viene en frasco.

Lo bueno viene en frasco chico.